Se había cometido un horrible asesinato en la villa portuguesa de Barcelos. ¿Quién era el culpable? Algunos afirmaron que el día del crimen, un peregrino gallego pasaba por Barcelos rumbo a Santiago de Compostela y varias circunstancias apuntaban a su culpa.

El español, ante las acusaciones, proclamó su inocencia indignado. Pero la gente le pedía pruebas para demostrar que así lo era, obviamente no pudo presentar ninguna.

Fue arrestado y condenado a muerte en la horca por el juez. El pobre hombre siguió alegando su inocencia entre lágrimas, todo era en vano. Como último deseo, rogó que lo trajeran nuevamente ante el juez. El juez estaba cenando en su casa con varios amigos, pero accedió a recibirlo.

El hombre volvió a declarar su inocencia. “No hay nada que pueda hacer”, respondió el juez. El peregrino alzó la vista y observó que sobre la mesa había un pollo asado.

Al verse abandonado por su suerte, miró al cielo, señaló hacia la bandeja del pollo y gritó: “¡Es tan cierto que soy inocente, que ese gallo se levantará y cantará como prueba antes de que me ejecuten!” Todos rieron. La comida continuó y el hombre fue llevado nuevamente a prisión, a esperas de su condena.

A pesar del escepticismo provocado, el juez, decidió que el gallo (o el pollo) no se tocaría, era un hombre muy creyente y las palabras del peregrino aún sonaban en sus oídos.

A la mañana siguiente, mientras el hombre se dirigía a la horca, el juez se levantó de su cama y pudo contemplar en su concina cómo un gallo, vivo, se paseaba y cacareaba sobre la mesa. Cuando el gallo vio al juez, cantó, en ese momento el hombre abrió los ojos de par en par asustado, se calzó como pudo y salió corriendo de su casa.

El juez avisó a sus hombres y todos corrieron apresurados para evitar que ahorcaran al español. Llegaron por poco, pero a tiempo.

El gallego fue liberado, absuelto de sus cargos y se le permitió abandonar la ciudad.

La historia dice que, años más tarde, el hombre regresó a Barcelos y esculpió un cruceiro en piedra, que todavía se puede ver hoy, como forma de agradecer al cielo aquel milagro que salvó su vida.

Cruceiro del Señor del Gallo.

*En otras versiones de la leyenda del Gallo de Barcelos, el peregrino gallego estaba acusado de haber robado dinero a un terrateniente local.