A finales del siglo VIII, nobles muladíes —ciudadanos andalusíes de origen visigodo o hispanorromano conversos al Islam—que habitaban mayoritariamente Toledo, decidieron rebelarse contra Córdoba y ponerse bajo la autoridad del rebelde Ubayd Allah ben Jamir. No había sido la primera vez, pero será la última.

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(Fortuny)

Toledo era una ciudad de gran importancia, era la llamada capital de la Marca Media, una ciudad que otrora había sido la gran capital del reino visigodo y que ahora estaba repleta de nobles muladíes a los que no les gustaba estar bajo el dominio de los Omeya. Poco tardaron en organizarse y rebelarse contra el poder establecido. Ante esta situación de rebelión el emir de Córdoba, al-Hakam I, decide enviar al walí (gobernador) de Talavera de la Reina (Medina al Talabaira), que no era otro que Amrús ben Yusuf.

Amrús era también un muladí, hijo de un cristiano converso. Militar veterano que había combatido junto a Carlomagno en su infructuosa campaña para tomar Zaragoza en el año 788, y que había combatido en la Batalla de Roncesvalles junto a los vascones, derrotando al ejército del emperador tras haberlos traicionado éste.

Amrus ben Yusuf, no era muy diplomático, aunque trató de acabar con la revuelta pagando grandes sumas de dinero a otros nobles del mismo clan que los instigadores, el clan de los Banu Majsi, a fin de que traicionaran y entregasen a los rebeldes. Y así lo hicieron, los traicionaron y les cortaron la cabeza. Amrus solicitó que esas cabezas fueron traídas a Talavera de la Reina por los nobles del Banu Majsi que había sobornado. La misma noche que llevaron las cabezas ante Amrus, aquellos nobles traidores a los suyos, fueron ejecutados.

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(Giuseppe Signorini)

Poco después, los toledanos, quisieron vengarse de esta afrenta y atacaron Talavera de la Reina mientras Amrús se encontraba en Zaragoza. Secuestran a su hijo y se lo llevaron a Toledo. El walí logra regresar a tiempo y toma el control de la situación de nuevo, es entonces cuando el emir lo nombra gobernador de Toledo y de la Marca Superior con plena libertad y poderes para realizar cuanto considere para mantener el oden.

En el año 806 sus espías le informan que, de nuevo, algunas familias nobles toledanas están organizando una revuelta contra Córdoba. Esta vez se lo tomó con calma. Según se dice, encargó la construcción de un nuevo Alcázar en Toledo con un gran foso. El día de la inauguración invitó a todas aquellas familias de las que había recibido información con el aliciente de que el futuro emir, Abderramán II, iba a acudir a la fiesta.

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(Giuseppe Signorini)

Los rebeldes toledanos habían elegido a Ubayd Allah ben Jamir como su líder, cuyo lugarteniente llamado Girbib ben Abd Allah, un poeta cordobés originario de Toledo, recitaba elaborados versos incendiarios que se encargaban de mantener el clima caldeado en contra del soberano omeya cordobés. Amrús mantuvo el tipo y aguantó hasta la finalización de las obras del edificio.

El día de la celebración, cuando los invitados iban llegando, se les hizo pasar de forma individual al edificio y atravesar un largo y estrecho pasillo que llevaba a la sala en la se realizaría el banquete. Durante horas, uno por uno, cada invitado que entraba era decapitado y sus despojos arrojados al foso en presencia Abderramán II. Las cifras de muertos varían segun el cronista entre 700 a 5000 personas. Aquella noche se recordó por siempre como la “jornada del foso de Toledo o “la noche toledana”. Los cronistas Medievales, especialmente los musulmanes, la llamarán “waqat al-hufra” y será una historia recopilada en numerosísimas ocasiones.

“Ejecución” Henri Regnault, 1869

El terror que provocó este suceso dejó el “espíritu rebelde” de los toledanos durante varios años en estado de letargo. Aunque lo peor no es eso, si no que esta historia no fue una leyenda, si no que pudo haber ocurrido de verdad, como atestiguan los cronicones toledanos de los siglos XVI y XVII, como Historia o Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo (1554) de Pedro de Alcocer.

Otras historias añaden que Amrús realizó esta matanza en venganza por la muerte de su hijo, aunque no hay datos concluyentes de que los rebeldes lo asesinaran.