Algunos cronistas atribuyen la siguiente hazaña a Wifredo el velloso y otros al conde D Ramón Berenguer III, pero bien pudiera ser que cada noble tuviese su dragón, porque cada comarca de la antigua Marca Hispánica, luego Reino de Aragón, tenía sus propias historias de dragones. La que les vamos a relatar, según el escritor P. Piferrer, corresponde a Wifredo conde de Urgel, de la Cerdaña, de Barcelona, Gerona y de Osona.

wilfredo velloso dragon
Estatua en Madrid (L.S. Carmona, 1750-53).

Según esta leyenda, salió el conde en busca de un temible dragón que los musulmanes habían dejado en Sant Llorenç de Munt (cerca de Terrassa) atado a una fuerte cadena que iba desde la cueva hasta el rio Llobregat. Atemorizando e impidiendo el paso a los cristianos.

Wilfredo había recibido noticias de que otros guerreros trataron de acabar con el, pereciendo en el intento y decidió partir el mismo hacia su encuentro, y junto a el todos sus caballeros que le acompañaron hasta la misma entrada de la cueva. Por suerte, cuando llegaron, la fiera dormía y pudieron pensar un plan.

El plan consistió en construir una cabaña con lanzas, espadas y otras armas, a modo de erizo, para protegerse de los ataques del dragón cuando saliese de la cueva y poder combatirlo con menos peligro. Pero el animal no salía de su cueva, y se metieron dentro de la recién erigida tienda a esperar.

wilfredo velloso dragon
una de las cuevas de Sant Llorenc

Al despuntar el día, cansados de e impacientes, hicieron sonar un ruidoso cuerno de caza despertando al dragón de su profundo sueño. El animal furioso, buscando qué había interrumpido su sueño, y al ver que procedía de la cabaña, se abalanzó sobre ella. La rodeó con su cuerpo para aplastarla y destruir lo que hubiera en su interior. Pero su mismo ímpetu fue su muerte, pues quedó atravesado por las puntas de lanza, produciéndose más de cien heridas. El dragón emitió un rugido ensordecedor, y el conde y sus hombres salieron de la cabaña y arremetieron contra la fiera malherida desde el suelo.

El dragón, sintiéndose débil y en desventaja como para defenderse, echó a volar. Pero Wilfredo logró agarrarlo por una de sus patas con una mano, mientras con la otra le iba clavando estocadas. Sus hombres, desde lejos, observaban el peligroso espectáculo aéreo

El dragón, que se desangraba, fue perdiendo sus fuerzas y descendiendo pausadamente, finalmente cayó y el Conde lo remató. En el lugar de la caída del dragón ordenó fundar una iglesia para rememorar aquella victoria.

wilfredo velloso dragon
Monasterio de Sant Llorenç del Munt